En la mayoría de los altares mexicanos de Día de Muertos, el humo del copal y el aroma del incienso comparten el mismo espacio. Sin embargo, su origen y su papel ritual responden a historias diferentes: el primero nació en las ceremonias prehispánicas y el segundo se incorporó durante la época colonial. Conocer esa distinción ayuda a entender por qué ambos se mantienen como elementos esenciales de la ofrenda.
- Punto clave 1: El copal era llamado iztacteteo o “dios blanco” por los mexicas y funcionaba como puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
- Punto clave 2: El término proviene del náhuatl copalli, que significa “que huele” o “que tiene aroma”, y designa tanto la resina como los árboles de la familia Burseraceae.
- Punto clave 3: El incienso no es de origen mesoamericano: llegó al territorio con los españoles durante la colonización.
- Punto clave 4: El Día de Muertos es resultado de un sincretismo entre el calendario católico europeo y las celebraciones otoñales mesoamericanas posteriores a la cosecha.
El copal como canal ritual
De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), el humo del copal purifica el ambiente y aleja a los malos espíritus, lo que abre paso para que el alma del difunto entre a su antigua casa sin peligro. Esa función aparece ligada a la ideología prehispánica, donde la resina operaba como un vector de comunicación entre los humanos y las divinidades que regían la naturaleza.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documenta que la palabra deriva del náhuatl copalli, que se traduce como “que huele” o “que tiene aroma”. El término nombra tanto la resina como a los árboles de la familia Burseraceae que la producen, entre ellos el copal blanco, el copal santo y el linaloe.
Los registros históricos citados por el INAH muestran que los mexicas consumían copal con frecuencia cotidiana. Cada ochenta días llegaban a la ciudad pellas —equivalentes a un puño de resina envuelto en hojas de mazorca— y la gente lo quemaba al menos dos veces por jornada, por la mañana y por la noche.
Prácticamente no existía ceremonia mexica sin copal. El INAH reporta hallazgos de la resina dentro de bolsas de papel amate en el Templo Mayor de Tenochtitlan, así como restos localizados en la laguna de La Luna, en el cráter del Nevado de Toluca, donde se depositaban ofrendas antiguas. También se han documentado piezas moldeadas en forma de tortillas, tamales o granos de maíz, lo que llevó a los especialistas a identificarlo como un alimento ofrecido a los dioses. Esas representaciones aparecen en ofrendas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá, en Yucatán, y del Templo Mayor, en la Ciudad de México.
“Dar humo aromático a una cosa con el fin de purificarla o para que huela bien”
es la definición que la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) da del acto de sahumar. Bajo ese principio, el copal se ofrecía a los cuatro puntos cardinales y al Sol para pedir protección, agradecer las cosechas, bendecir semillas, solicitar lluvias y detener tormentas.
Copal e incienso: dos historias en un mismo altar
El copal y el incienso no comparten origen, aunque hoy convivan en el mismo altar. El INPI precisa que los pueblos originarios ofrecían copal a sus dioses cuando el incienso todavía no se conocía en el territorio. La segunda resina llegó con los españoles durante la colonización.
El INAH ubica el origen del Día de Muertos como festividad en un sincretismo religioso novohispano: por un lado, el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos del calendario católico europeo; por otro, las celebraciones otoñales mesoamericanas posteriores a la cosecha. De la tradición indígena permanecieron el cempasúchil, el maíz y el copal. De la tradición europea se integraron las velas, las veladoras, el incienso y las imágenes de santos.
Usos terapéuticos y origen geográfico
El gobierno del Estado de México documenta que las comunidades indígenas emplean distintas variedades de copal con fines terapéuticos desde la época prehispánica, por ejemplo para atender dolores de cabeza y afecciones provocadas por frío o humedad. La resina se extrae principalmente de árboles de Michoacán, Oaxaca y Chiapas, que miden entre 4 y 30 metros de altura. Al árbol se le conoce en náhuatl como copalcuáhuitl; a su ceniza, como copalli, y a su uso sagrado, como iztacteteo.
Hoy, el copal figura junto al agua, la sal, las velas, el cempasúchil y el pan de muerto como parte imprescindible del altar de Día de Muertos, de acuerdo con el INPI. Su función sigue siendo la misma que en la época prehispánica: abrir un canal de comunicación entre los vivos y las almas que regresan durante los primeros días de noviembre. Por eso, más que un simple aromatizante, se trata de un hilo simbólico que conecta la historia mesoamericana con las ofrendas contemporáneas.