La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) tiene implicaciones que van más allá del comercio: está en juego el rumbo de la integración económica de América del Norte, advirtió Lorena Rodríguez León, directora de la Facultad de Economía (FE) de la UNAM, al inaugurar el Seminario Académico «T-MEC, reindustrialización y Plan México: desafíos y propuestas».
- Integración regional bajo escrutinio: La académica señaló que México logró construir una plataforma exportadora, pero persisten rezagos como baja inversión pública, desigualdades regionales y dependencia tecnológica.
- Plan México y reindustrialización: La estrategia busca recuperar la planeación económica, sustituir importaciones y crear empleos de calidad, aunque su éxito dependerá de instituciones y coordinación entre gobierno, poderes políticos y academia.
- El T-MEC como instrumento: Especialistas insistieron en que el tratado no sustituye una estrategia de desarrollo económico e institucional; debe articularse con la reindustrialización y el Plan México.
El dilema: integración productiva o dependencia tecnológica
Rodríguez León reconoció que la integración con América del Norte permitió construir una importante plataforma exportadora y convirtió a México en una pieza fundamental de diversas cadenas productivas regionales. Sin embargo, dijo que ese logro coexiste con una serie de rezagos: crecimiento económico insuficiente, baja inversión pública, limitados encadenamientos productivos internos, fuertes desigualdades regionales, elevada dependencia tecnológica y brechas persistentes en materia salarial y laboral.
La directora planteó si la actual reorganización de la economía mundial puede convertirse en una oportunidad real para transformar la estructura productiva del país o si únicamente profundizará su función como plataforma manufacturera dependiente de tecnologías, insumos y decisiones que se toman fuera de México. Para ella, reindustrializar implica construir capacidades productivas, científicas y tecnológicas propias; fortalecer a las empresas nacionales; articular a las micro, pequeñas y medianas empresas con sectores de mayor productividad; formar recursos humanos especializados; desarrollar infraestructura y orientar la inversión hacia objetivos de largo plazo.
Plan México: metas ambiciosas, pero condicionadas
Rodríguez León agregó que el Plan México representa la intención de recuperar la planeación económica y fortalecer las capacidades del Estado para conducir el desarrollo productivo nacional. Entre sus objetivos se encuentran incrementar la inversión, elevar el contenido nacional, sustituir importaciones, crear empleos de calidad y fortalecer sectores estratégicos. Sin embargo, advirtió que su cumplimiento dependerá de que esas metas se traduzcan en instituciones, recursos, instrumentos y mecanismos eficaces, además de una coordinación profunda entre las instancias gubernamentales y los poderes políticos del país, así como una articulación estrecha con la academia.
El T-MEC como arquitectura institucional
Carlos Humberto Suárez Flores, presidente de la Comisión de Seguimiento a la Implementación y Revisión del T-MEC en el Senado de la República, consideró que el tratado, la reindustrialización y el Plan México no pueden ir disociados y deben avanzar en una misma dirección. El legislador afirmó que el T-MEC es más que un acuerdo comercial: se trata de una arquitectura institucional que organiza una parte sustantiva de las relaciones productivas, comerciales y de inversión con Estados Unidos y Canadá. Sostuvo que durante las últimas décadas México construyó una de las plataformas manufactureras más importantes de América Latina y profundizó su integración productiva con la región.
El senador señaló que la globalización basada exclusivamente en la búsqueda de menores costos está dando paso a una economía en la que cobran mayor importancia la seguridad de las cadenas de suministro, la energía y la infraestructura, los minerales estratégicos, los semiconductores y la capacidad de producir bienes esenciales. En ese contexto, indicó que la relocalización no debe entenderse únicamente como la llegada de nuevas plantas industriales; recordó que el país pasó de ser maquilador a uno de manufactura, pero falta una siguiente etapa: desarrollar capacidades productivas a partir de la inversión.
Investigación académica: una obra de tres tomos
Samuel Ortiz Velásquez, profesor de la FE y coordinador del seminario, explicó que el encuentro, organizado por la FE y El Colegio de la Frontera Norte, se compila en una obra colectiva de tres tomos dedicada al T-MEC, resultado del esfuerzo conjunto de 82 especialistas de 33 instituciones. Afirmó que se ha sostenido una agenda proactiva de investigación que aporta libros académicos especializados a la discusión pública. Desde una perspectiva analítica, los hallazgos sugieren que el T-MEC debe dimensionarse como un valioso instrumento de política comercial, pero no como un sustituto de una estrategia de desarrollo económico e institucional.
La confluencia de voces académicas y legislativas en torno al T-MEC deja un mensaje claro: la próxima revisión comercial no puede limitarse a ajustes arancelarios o reglas de origen. Lo que está en discusión es si México aprovechará la relocalización global para generar capacidades propias o si consolidará un modelo industrial dependiente de decisiones y tecnologías externas. La urgencia de transformar la planeación en instituciones y recursos eficaces será la prueba decisiva para el Plan México y para la soberanía productiva del país en los años siguientes.