La amenaza de lastimar a un perro o a un gato puede transformarse en un instrumento de control dentro de una relación violenta. Frases como “si te vas, le hago daño a tu perro” ilustran una intimidación que aprovecha el vínculo afectivo con un animal de compañía para limitar la autonomía de otra persona y desalentar su salida de un entorno de agresión.
Con el objetivo de que esta conducta sea reconocida de manera expresa, la diputada Luisa Fernanda Ledesma Alpízar, vicecoordinadora del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano en el Congreso de la Ciudad de México, presentó una iniciativa para incorporar la violencia familiar ejercida a través de seres sintientes de compañía al Código Civil para el Distrito Federal.
- Iniciativa legislativa: La diputada Luisa Fernanda Ledesma Alpízar, de Movimiento Ciudadano, presentó una reforma para reconocer esta modalidad de violencia familiar en el Código Civil capitalino.
- Conductas contempladas: Se incluirían amenazas, maltrato, sustracción o abandono deliberado de animales utilizados para dominar, intimidar o castigar a un integrante de la familia.
- Protección diferenciada: No todo maltrato animal se consideraría violencia familiar; se requeriría el uso deliberado del animal como instrumento de control psicoemocional.
Qué propone la reforma
La iniciativa plantea adicionar dos párrafos al artículo 323 Quáter del Código Civil para el Distrito Federal, con el fin de reconocer el uso de animales de compañía como un medio para ejercer violencia familiar. De acuerdo con el planteamiento, las amenazas, el maltrato, la sustracción o el abandono deliberado de un animal podrían identificarse como parte de una dinámica de violencia familiar cuando se utilicen para dominar, intimidar, castigar o causar una afectación emocional a otro integrante de la familia.
La modalidad podría configurarse, por ejemplo, cuando una persona amenaza con lastimar a un perro, gato u otro animal para impedir que su pareja termine la relación; cuando lo sustrae para provocar sufrimiento; cuando lo esconde como castigo; o cuando lo abandona de manera intencional para obligar a alguien a actuar de determinada forma. El propósito es que las autoridades valoren el contexto de estas conductas y no se enfoquen únicamente en el daño ocasionado al animal.
La legislación civil ya contempla varias manifestaciones de violencia familiar, como las amenazas, la intimidación y las coacciones. La iniciativa busca precisar que esos mecanismos también pueden operar mediante la agresión o la amenaza de agresión contra un ser sintiente con el que una persona mantiene un vínculo afectivo. Al tratarse de una reforma legislativa, su presentación no implica que los cambios ya estén incorporados al Código Civil.
El vínculo emocional como herramienta de control
El lazo entre las personas y sus animales de compañía puede ser aprovechado por un agresor para generar miedo, culpa o angustia. En ciertas circunstancias, la amenaza contra una mascota se convierte en un mecanismo para condicionar las decisiones de la víctima y dificultar que denuncie, ponga fin a la relación o se aleje de su familia. El temor a que el animal sufra daños puede llevar a una persona a permanecer en una situación que pone en riesgo su propia integridad.
Durante la presentación de la iniciativa, la legisladora llamó la atención sobre las consecuencias de esta forma de intimidación, particularmente en mujeres que enfrentan violencia de pareja. Como ejemplo, retomó el testimonio de la cantante Joy Huerta, integrante del dueto mexicano Jesse & Joy, quien —según lo relatado en el discurso— habló sobre la separación de su perrita Pretzel cuando decidió salir de casa para protegerse. El caso busca mostrar la dimensión emocional del vínculo con un animal de compañía y cómo ese lazo puede ser usado para ejercer presión sobre alguien que intenta ponerse a salvo.
El planteamiento no se limita a las relaciones de pareja: también contempla a niñas, niños, personas adultas mayores y cualquier integrante de la familia comprendido en el artículo 323 Quáter. La intención es que las autoridades puedan identificar cuándo una conducta contra un animal forma parte de una estrategia para controlar, someter, intimidar, coaccionar o castigar a otra persona dentro del entorno familiar.
Alcances, límites y protección diferenciada
La propuesta establece una distinción relevante: no todo acto de maltrato animal constituiría automáticamente violencia familiar bajo este supuesto. Para que se actualice la modalidad, tendría que existir un uso deliberado de la conducta contra el ser sintiente como medio para ejercer control o provocar una afectación psicoemocional a un integrante de la familia. En consecuencia, cada situación tendría que analizarse conforme a sus circunstancias y a las pruebas disponibles.
Otro aspecto central es que el reconocimiento de esta forma de violencia familiar sería independiente de las responsabilidades civiles, administrativas o penales derivadas del maltrato o la crueldad contra el animal. Es decir, la valoración de la posible violencia ejercida contra una persona no sustituiría las consecuencias legales que correspondan por las agresiones cometidas contra el ser sintiente.
La diputada Luisa Ledesma aclaró que la iniciativa no busca equiparar jurídicamente a los animales con las personas ni incorporarlos a las relaciones de parentesco reconocidas en la legislación civil. Su propósito es reconocer que el vínculo de cuidado, convivencia y afecto con un animal puede ser utilizado deliberadamente para ejercer violencia en el ámbito familiar.
De aprobarse, la reforma proporcionaría a juezas y jueces una referencia expresa para identificar esta dinámica, valorar la relación entre las amenazas o agresiones contra el animal y la afectación provocada a una persona, así como aplicar las medidas de protección que correspondan. La propuesta busca visibilizar una forma de intimidación que puede quedar oculta cuando la atención se centra exclusivamente en el daño físico al animal, sin considerar el propósito de controlar o limitar la libertad de otro integrante de la familia.
La iniciativa coloca en el debate legislativo capitalino un tema que conecta dos ámbitos: el bienestar de los animales de compañía y la seguridad emocional de las personas que pueden ser víctimas de violencia familiar. Su avance dependerá del proceso legislativo, pero el planteamiento ya abre la discusión sobre cómo debe responder la ley cuando el vínculo con una mascota se convierte en un medio de intimidación.