La relación económica entre México y Estados Unidos atraviesa un momento de contrastes durante el segundo mandato del presidente Donald Trump. Mientras una gran parte del intercambio bilateral se mantiene al margen de los aranceles, las conversaciones para renovar el marco comercial enfrentan nuevos obstáculos, de acuerdo con la información presentada en la Cámara de Diputados.
- Comercio sin aranceles: Cerca del 80% del intercambio comercial entre México y Estados Unidos está libre de gravámenes, según el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
- Freno en el pacto: El medio The Wall Street Journal reportó que la negociación de un acuerdo arancelario se estancó por la oposición del secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick.
- Punto crítico: Las pláticas sobre acero, aluminio y automóviles, así como la renovación del T-MEC, estaban en una fase clave antes del estancamiento.
Un respiro en la política arancelaria
Durante su comparecencia, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, reveló que alrededor del 80% del intercambio comercial entre ambas naciones se mantiene libre de gravámenes. Esta condición coloca a México en una posición favorable frente a otros países que enfrentan impuestos de distintos porcentajes en sus operaciones con el mercado estadounidense.
El funcionario atribuyó estos resultados a la estrategia de negociación de la presidenta Claudia Sheinbaum y a las medidas adoptadas para proteger las exportaciones nacionales y preservar la integración económica bilateral. Sin embargo, reconoció que el país todavía necesita consolidar los avances, ampliar su ritmo de crecimiento y prepararse para un sistema mercantil internacional con reglas cada vez más complejas.
Al inicio de la nueva administración de Donald Trump, uno de los principales temores era que el T-MEC no lograra mantenerse por las diferencias entre ambos gobiernos y el endurecimiento de las políticas comerciales de Washington. También existía preocupación por una posible disminución de la inversión extranjera directa y por las dificultades para impulsar la economía mexicana durante los primeros años del nuevo escenario.
El freno al entendimiento comercial
Ante esos riesgos, la estrategia nacional se concentró en movilizar los recursos disponibles para conservar una relación comercial favorable con Estados Unidos y Canadá. La prioridad fueron las exportaciones del país, particularmente en la industria manufacturera, donde el sector automotriz representa una proporción significativa.
Ebrard recordó que México llegó a enfrentar la posibilidad de que Estados Unidos impusiera aranceles del 25% a todas sus exportaciones. Las conversaciones entre Claudia Sheinbaum y el mandatario estadounidense permitieron evitar la aplicación generalizada de esa medida.
“Me tocó presenciar esa llamada y realmente fue algo extraordinario que la presidenta haya convencido al presidente Trump, se los digo honestamente, de no aplicar el veinticinco por ciento”, comentó.
No obstante, el medio The Wall Street Journal dio a conocer que las negociaciones para un acuerdo arancelario se encuentran estancadas debido a la oposición del Secretario de Comercio, Howard Lutnick. De acuerdo con la información de personas al tanto de las reuniones, esta sería la segunda vez que el funcionario estadounidense interviene en contra para frustrar un posible trato entre ambos países.
Las dos naciones se encontraban en un punto importante dentro de las conversaciones para cerrar el pacto de reducción de gravámenes al acero, aluminio y automóviles y la renovación del T-MEC.
Próximos retos y señales de actividad
El siguiente desafío consiste en mantener las ventajas obtenidas en la relación económica con la nación vecina. Ebrard señaló que sostener los vínculos financieros con ese país demanda entre 80% y 85% del tiempo y los esfuerzos dedicados a esta agenda.
A esta tarea se suma la transformación del sistema comercial estadounidense, que podría avanzar hacia un modelo de comercio administrado. Bajo ese esquema, las relaciones no dependerían únicamente de los aranceles y las reglas de origen, sino también de otras disposiciones que incrementarían la complejidad de las negociaciones.
Ante ese escenario, México tendrá que preservar sus condiciones de acceso al mercado estadounidense y fortalecer su capacidad para adaptarse a nuevas exigencias comerciales. El funcionario también indicó que se entregará a los legisladores un informe sobre los efectos de las medidas arancelarias adoptadas un año antes, con el propósito de compartir información sobre sus resultados.
Otro indicador destacado fue el comportamiento de la inversión extranjera directa, que continúa aumentando en México. Frente a las críticas sobre el peso de la reinversión de utilidades en estas cifras, Ebrard argumentó que dichos recursos también pueden destinarse a construir nuevas plantas, ampliar instalaciones o incorporar maquinaria para incrementar la capacidad productiva.
En materia comercial, las exportaciones mexicanas han aumentado y su composición presenta cambios, con una mayor participación en actividades como la electrónica, los semiconductores y las industrias relacionadas con la inteligencia artificial. También mencionó que existe un crecimiento de la economía nacional y una recuperación de la formación bruta de capital fijo, indicador relacionado con la inversión en activos productivos. A estos elementos sumó la evolución del empleo, como parte de los factores que, desde su perspectiva, reflejan el desempeño económico del país.
El panorama descrito por Ebrard deja una doble lectura: México mantiene una base comercial relevante con Estados Unidos, pero la estabilidad de esa relación dependerá de su capacidad para adaptarse a un entorno normativo cada vez más intervenido. Las próximas semanas serán clave para saber si el estancamiento reportado por la prensa estadounidense se supera o si la incertidumbre sobre el T-MEC y los nuevos gravámenes vuelve a instalarse.