La migraña es una enfermedad neurológica que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se encuentra entre las que más discapacidad generan a nivel global. A menudo se le reduce a un dolor de cabeza común, pero sus manifestaciones pueden ir mucho más allá y prolongarse durante días.
- Duración variable: los episodios pueden extenderse entre 4 y 72 horas, con intensidad moderada o severa.
- Síntomas amplios: náuseas, vómitos, mareos, sensibilidad a la luz, los sonidos, los olores y el contacto físico, además de aura visual o sensitiva.
- Factores múltiples: cambios climáticos, hormonas, alteraciones del sueño, deshidratación, ejercicio intenso y estrés pueden favorecer crisis.
Moisés Eduardo Rodríguez Olvera, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó en el programa Con-ciencia. Psicología y sociedad, de Radio UNAM, que la migraña presenta distintas manifestaciones y puede afectar a cada persona de manera diferente.
Síntomas más allá del dolor de cabeza
El dolor suele sentirse como una pulsación y puede concentrarse en un lado de la cabeza o presentarse en ambos. Además, puede acompañarse de náuseas, vómitos, mareos y una sensibilidad elevada a la luz, los sonidos, los olores e incluso el contacto físico. Entre las señales más comunes destacan:
- Aura: alteraciones visuales, como destellos luminosos, puntos de colores o cambios en la visión, además de hormigueo o entumecimiento en la cara y las extremidades.
- Malestares posteriores: cansancio, agotamiento, dificultades de concentración y memoria, dolor residual, ansiedad o depresión.
La frecuencia también varía. Algunas personas experimentan crisis poco frecuentes, pero muy intensas; otras tienen episodios recurrentes. En la migraña crónica, los síntomas pueden presentarse prácticamente todos los días.
Estos signos pueden reducir la productividad incluso cuando la persona consigue acudir al trabajo o continuar sus estudios. A ello se suman los gastos constantes en medicamentos y tratamientos, así como las consecuencias emocionales que acompañan a la enfermedad.
Pese a sus repercusiones, la migraña todavía es minimizada en distintos ámbitos y suele considerarse una molestia pasajera. Esa percepción puede contribuir a que algunas personas permanezcan sin diagnóstico o no reciban el tratamiento adecuado.
Factores que pueden desencadenar una crisis
Los detonantes no son iguales para todos, pero estos son los más frecuentes entre quienes la padecen:
- Cambios climáticos y de presión barométrica.
- Fluctuaciones hormonales.
- Alteraciones del sueño, saltarse comidas y deshidratación.
- Ejercicio intenso o esfuerzo físico superior al habitual.
- Estrés, preocupaciones, ansiedad y determinadas emociones.
La participación de factores psicológicos no significa que la enfermedad sea imaginaria ni que el paciente sea responsable del dolor. Por el contrario, refleja la interacción entre los procesos físicos y emocionales.
En pacientes con migraña crónica, la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño pueden presentarse con mayor frecuencia. Esto puede generar un círculo en el que el dolor perjudica el bienestar emocional y, a su vez, el estrés y las dificultades para dormir favorecen nuevos episodios.
Atención médica y psicológica
Debido a su naturaleza multifactorial, la atención requiere considerar tanto los aspectos médicos como los psicológicos. La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a modificar pensamientos, conductas y hábitos relacionados con la enfermedad, además de fortalecer las estrategias para afrontar el estrés. Las intervenciones de relajación también pueden formar parte del abordaje.
Otra herramienta es el diario de cefaleas, que permite registrar la frecuencia, duración e intensidad de los episodios, así como los alimentos consumidos, las horas de sueño, la hidratación, los medicamentos utilizados y las circunstancias emocionales o sociales previas al dolor. Esta información puede ayudar a reconocer patrones y posibles desencadenantes.
Asimismo, es importante evitar la automedicación, ya que recurrir a analgésicos sin orientación profesional puede no ofrecer un control adecuado de la enfermedad. El neurólogo es el especialista encargado de evaluar la migraña y determinar las opciones de tratamiento, que pueden incluir intervenciones farmacológicas y psicológicas.
Reconocer los síntomas y buscar atención especializada son pasos fundamentales para frenar el impacto de la migraña en la vida diaria. Un diagnóstico oportuno y un abordaje integral pueden reducir la frecuencia de las crisis y mejorar el bienestar general.