Yucatán y Oaxaca lideran ranking de chisme en 2026

Yucatán y Oaxaca encabezan el ranking mexicano de estados más chismosos de 2026

Resumen: El Ranking del Carácter Mexicano 2026, de Mitofsky y TResearch, muestra que 26% de los yucatecos se reconoce como chismoso. Oaxaca, San Luis Potosí, Jalisco y Morelos completan los cinco primeros sitios, con diferencias relevantes por edad y región.

Creado: 2026-10-17 por

En México hablar de la vida ajena no es una costumbre que se viva con la misma intensidad en todos los estados. El Ranking del Carácter Mexicano 2026, elaborado por Mitofsky y TResearch, ubica a Yucatán como la entidad donde más personas admiten tener una inclinación por el chisme, mientras que Tlaxcala aparece al fondo de la medición.

  • Punto clave 1: Yucatán registró 26% de habitantes que se consideran mucho o algo chismosos, una cifra 10 puntos porcentuales por encima del promedio nacional de 16%.
  • Punto clave 2: Oaxaca, San Luis Potosí, Jalisco y Morelos completan los primeros cinco lugares, con porcentajes de entre 20% y 23%.
  • Punto clave 3: La autopercepción del chisme es más alta entre los jóvenes, con 24% en el grupo de 18 a 29 años, y disminuye con la edad hasta 14% entre los mayores de 50.

Los estados con mayor y menor autopercepción de chisme

Los resultados, difundidos el 14 de octubre de 2026, señalan que Yucatán alcanza 26% de personas que se identifican como mucho o algo chismosas. Esa proporción supera en 10 puntos porcentuales el promedio nacional de 16% y deja una diferencia de 20 puntos frente al estado con el registro más bajo.

Estados con mayor autopercepción de chisme:

  • Yucatán: 26%
  • Oaxaca: 23%
  • San Luis Potosí: 21%
  • Jalisco: 20%
  • Morelos: 20%

En el otro extremo de la clasificación se encuentra Tlaxcala, con apenas 6% de la población encuestada que se considera mucho o algo chismosa. Le siguen Tabasco con 7%, Hidalgo y Chiapas con 8% cada uno, y Nayarit con 9%.

La frase que volvió a resonar

La posición de Yucatán dio nueva vigencia a una declaración que en su momento generó comentarios y bromas en redes sociales. Raúl Tassinari González, quien entonces encabezaba la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Solidaridad, Quintana Roo, aseguró:

“Mérida es la ciudad más segura porque todos son chismosos”.

Aunque aquella frase se planteó en otro contexto, el dato actual le da un giro llamativo a la conversación sobre la capital yucateca.

Jóvenes, regiones y significado del chisme

Al agrupar los resultados por regiones, las distancias se reducen. El noreste, el occidente y el Bajío alcanzan 18% cada uno; San Luis Potosí destaca en el primer bloque, mientras Jalisco sobresale en el segundo. Las regiones centro y sur-sureste promedian 15%, y el noroeste registra la proporción más baja, con 14%. Entre los extremos regionales hay cuatro puntos porcentuales.

La edad también marca diferencias. Entre las personas de 18 a 29 años, 24% se considera mucho o algo chismoso. La cifra baja a 16% entre quienes tienen de 30 a 49 años y llega a 14% en el grupo de 50 años o más. La brecha entre los más jóvenes y los adultos de mayor edad es de 10 puntos porcentuales.

El estudio deja claro que se trata de una percepción personal y no necesariamente de la frecuencia con la que los habitantes de cada entidad participan en conversaciones sobre terceros. La UNAM define el chisme como un mensaje que:

“rompe las reglas de la comunidad al transmitir información de un individuo que para la sociedad es prohibida, amoral”.

La doctora María Angélica Galicia, del Instituto de Investigaciones Antropológicas, lo describe como una noticia verdadera o falsa que se “corre” de una persona a otra. Esta visión permite entender que la práctica puede abarcar desde comentarios cotidianos hasta la difusión de información cuya veracidad no está comprobada.

Más allá de las bromas que pueda despertar el resultado, el ranking ofrece una radiografía de cómo se perciben los mexicanos: una práctica social tan cotidiana como hablar de otras personas varía según el lugar de residencia y la edad. Sin embargo, los datos no miden cuánto chisme se produce en cada estado, sino qué tan dispuestos están sus habitantes a reconocerse como chismosos.

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