Lauren Cardoso, brasileño que dejó las pasarelas internacionales para trabajar como albañil en Oaxaca, compartió nuevos detalles de su historia en una entrevista con el youtuber Señor Blue, promotor del estado. Desde una obra en construcción, explicó cómo pasó de una infancia marcada por la pobreza a una vida centrada en la paternidad y en la cultura mexicana.
- Punto clave 1: Cardoso llegó a México hace 10 años y, tras una etapa como modelo en Italia y campañas en el país, se estableció en Oaxaca para estar cerca de su hijo.
- Punto clave 2: En su infancia vivió en Brasil, trabajó desde niño y pasó varios años en una casa hogar antes de ser adoptado por un maestro.
- Punto clave 3: Rechazó una campaña de casinos que ofrecía 200 mil pesos mensuales porque no quería enviar ese mensaje a su hijo.
De las pasarelas de Milán a la construcción en Oaxaca
El creador de contenido nació en Brasil y vivió ahí hasta los 22 años, cuando una oportunidad como modelo lo llevó al sur de Italia. Comparó esa región con Oaxaca por sus características culturales y gastronómicas, aunque consideró que la comida mexicana ofrecía una variedad mayor que la brasileña.
Cardoso contó que conoció a la mujer que después sería la madre de su hijo tres días después de llegar a Ciudad de México. Ella era originaria de Oaxaca y lo llevó a conocer la ciudad durante una visita cercana al Día de Muertos; al principio la celebración le causó miedo, pero después se fascinó con la hospitalidad, la naturaleza serrana y platillos como los tacos de tasajo.
Durante la pandemia decidió establecerse en Oaxaca para pasar más tiempo con su hijo. Buscó una ocupación que le permitiera quedarse en la ciudad y encontró trabajo en la construcción, primero como chalán de albañil. En redes sociales ha mostrado jornadas de trabajo, momentos con compañeros y escenas de su vida diaria. Dijo que la albañilería es una de las profesiones más difíciles, aunque gratificante por la convivencia entre los trabajadores.
En sus videos también bromeó sobre las expresiones de doble sentido que aprendió en México y sobre la costumbre de algunos trabajadores de tomar cerveza incluso en el desayuno. Entre sus platillos favoritos mencionó la “babacoa”, en referencia a la barbacoa; el “guacachile”, una mezcla de aguacate, tomate verde, chile, cilantro y pimienta; y el “gallo de pico”, por el pico de gallo.
Una infancia marcada por carencias y una adopción que cambió todo
Cardoso no conoció a su padre biológico y relató que su madre trabajaba como empleada doméstica. Como el mayor de cuatro hermanos, comenzó a trabajar entre los nueve y los 12 años en una panadería para ayudar con los gastos del hogar. Durante un periodo vivió con un padrastro con quien tuvo problemas, y la familia lo envió a una casa hogar cuando tenía alrededor de seis años; permaneció ahí hasta los 14, una etapa que recordó por el rechazo y la necesidad económica.
“Muchos piensan: ‘Ese güero debe venir de una familia rica’, pero la realidad no era esa. Padecí muchas carencias de niño, mucha pobreza; a veces comíamos harina con agua”, relató.
Recordó que un vecino profesor, a quien conoció desde los seis años, le dio galletas por primera vez y mantuvo una relación cercana con él, hasta que su padrastro le prohibió visitarlo. Cuando escapó de la casa hogar por desesperación, el maestro le propuso adoptarlo y llevarlo a vivir con él. Cardoso dijo que llegó a una casa donde conoció el afecto, las costumbres de compartir y la convivencia familiar.
“Siempre tenía en mi mente la meta de estudiar, porque ser pobre es una circunstancia, pero ser ignorante es una decisión. Ser pobre de dinero se puede arreglar trabajando duro, pero ser ignorante ahí es ser muy pendejo”, expresó.
Aseguró que fue el único alumno de la casa hogar que nunca repitió un año escolar y que mantuvo buenas calificaciones. Estudió educación física y, en una publicación, afirmó que contaba con una maestría en nutrición. Antes de iniciar en el modelaje trabajó como maestro; consideraba que la docencia era una de las profesiones más valoradas, aunque se decepcionó por actitudes que observó entre niños y jóvenes.
El modelaje, el proyecto social y la definición de éxito
Un hombre se le acercó mientras caminaba por Brasil para preguntarle si quería trabajar como modelo, pero desconfiaba de la propuesta. Más tarde viajó a São Paulo, donde agencias internacionales le ofrecieron una oportunidad para salir del país. Al día siguiente de ser aceptado, viajó a Milán; dijo que no hablaba italiano y que se esforzó por aprender inglés pegando hojas en las paredes de su cuarto para memorizar palabras.
Vivió dos años en Italia, regresó seis meses a Brasil y después llegó a México con un proyecto social. Su intención era platicar con niños en situación de calle para contarles su experiencia y transmitirles que era posible salir de circunstancias adversas. Ya en el país, recibió una propuesta para una campaña de tequila: le pagaron 180 mil pesos por una sesión de cinco minutos y posteriormente trabajó durante años para la tienda departamental Sears. En su etapa como modelo posó para revistas, marcas de ropa y comercios. También habría participado como actor en TV Azteca y apareció en un comercial de agua junto al cantante Ricky Martin.
Cardoso no descartó regresar al modelaje si una marca coincidía con sus principios, pero rechazó una campaña de casinos que le habría ofrecido 200 mil pesos mensuales, porque no quería transmitir ese mensaje a su hijo. Para él, el éxito dejó de estar relacionado con las pasarelas y se concentró en poder llevar comida a casa y convivir con su familia. Al hablar de los momentos en que su hijo estaba con él, afirmó:
“Qué perra riqueza es sentir esa sensación”.
La trayectoria de Cardoso muestra un giro poco común: la fama y los viajes quedaron en segundo plano frente a la estabilidad familiar y el arraigo a una comunidad. Su presencia en redes sociales convirtió su caso en un reflejo de cómo las prioridades pueden cambiar cuando entran en juego la paternidad y la pertenencia cultural.