Ozempic y Wegovy: riesgos y uso médico

Medicamentos como Ozempic y Wegovy: lo que debes saber antes de usarlos para bajar de peso

Resumen: Especialistas de la UNAM explican cómo funcionan Ozempic, Wegovy y Mounjaro, sus efectos secundarios y por qué la pérdida de peso debe acompañarse de seguimiento médico y nutricional.

Creado: 2026-10-20 por

La creciente demanda de medicamentos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro ha transformado la conversación sobre el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso. Su capacidad para regular la glucosa, disminuir el apetito y prolongar la sensación de saciedad los ha colocado en el centro de un debate médico: ¿son una herramienta clínica segura o un atajo estético con riesgos? Especialistas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM advierten que, si bien representan un avance real para las enfermedades metabólicas, su uso sin supervisión puede tener consecuencias graves.

  • Punto clave 1: Los fármacos con semaglutida y tirzepatida actúan sobre hormonas intestinales, liberan insulina, reducen glucagón y retrasan el vaciamiento gástrico.
  • Punto clave 2: Los efectos secundarios más comunes incluyen náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, estreñimiento, mareos, dolor de cabeza y fatiga; existen además complicaciones graves.
  • Punto clave 3: La obesidad es crónica y multifactorial, por lo que el tratamiento debe integrar alimentación equilibrada, ejercicio y seguimiento multidisciplinario, no solo inyecciones.

¿Cómo actúan los medicamentos en el organismo?

Los productos basados en semaglutida, como Ozempic y Wegovy, y la tirzepatida, comercializada como Mounjaro, imitan la acción de hormonas intestinales que participan en la regulación de la glucosa y el apetito. Actúan sobre receptores específicos, favorecen la liberación de insulina y reducen la producción de glucagón.

Su efecto también llega al sistema nervioso central, particularmente al hipotálamo, que regula el hambre y la saciedad. Al retrasar el vaciamiento gástrico, la sensación de llenura puede prolongarse después de comer. El académico Valentín Islas Pérez señaló que la semaglutida actúa sobre el receptor GLP-1, mientras que la tirzepatida imita dos hormonas, GLP-1 y GIP, una acción combinada que puede favorecer una mayor reducción de peso en algunos pacientes.

Aunque fueron desarrollados para enfermedades metabólicas, su popularidad ha impulsado el uso con fines estéticos, una práctica que preocupa a los especialistas. La maestra Mariana Isabel Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología, y el académico Islas Pérez coinciden en que la pérdida rápida de peso puede provocar una disminución de la masa muscular si no se acompaña de una alimentación adecuada y ejercicio.

Riesgos, contraindicaciones y mercados irregulares

Estos medicamentos deben utilizarse bajo prescripción y seguimiento médico. Entre las reacciones adversas más frecuentes se encuentran náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, estreñimiento, mareos, dolor de cabeza y fatiga. También existen complicaciones menos comunes, pero graves, como pancreatitis, problemas de la vesícula biliar, hipoglucemia y alteraciones de la visión. Además, se ha identificado un riesgo relacionado con tumores de tiroides, por lo que están contraindicados en personas con antecedentes de ciertos tipos de cáncer de esta glándula.

Valdés Moreno subrayó que utilizarlos sin una indicación clínica, únicamente para adelgazar rápidamente, expone a las personas a riesgos innecesarios. A ello se suma la comercialización de productos falsificados o compuestos de procedencia desconocida, que pueden ocasionar errores de dosificación y hospitalizaciones.

La obesidad como enfermedad crónica y el costo del tratamiento

Los especialistas puntualizaron que la obesidad es una enfermedad crónica y que la pérdida de kilos no elimina necesariamente la predisposición biológica. Al interrumpir el tratamiento, puede reaparecer el hambre compensatoria, lo que aumenta la posibilidad de recuperar el peso perdido. Por eso, el manejo debe integrar alimentación equilibrada, actividad física y seguimiento multidisciplinario; preservar la masa muscular es crucial, ya que perderla puede afectar la funcionalidad y la salud metabólica.

El acceso también es un reto: el costo de este tratamiento puede oscilar entre 2,800 y 5,600 pesos mensuales por inyección. Aunque la liberación de patentes prevista en México hacia 2027 podría reducir los precios hasta 60%, el acceso continúa siendo un desafío para buena parte de la población.

La conversación sobre estos medicamentos trasciende la báscula. Mientras la obesidad se reconoce como una enfermedad crónica y multifactorial, los especialistas insisten en que la atención no debe limitarse al número de kilos ni depender exclusivamente de inyecciones: debe considerar condiciones sociales, hábitos y bienestar general. El reto para el sistema de salud y los pacientes será garantizar un acceso informado y seguro, sin confundir un avance terapéutico con una solución estética de corto plazo.

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