Un campesino que logró salir con vida de un secuestro masivo en Guerrero describió como “un infierno” las semanas que pasó bajo el control de La Familia Michoacana. Su testimonio, recogido en la Sierra de Guerrero, expone un sistema de cautiverio marcado por torturas, amenazas de muerte, escasez de alimentos y reclutamiento forzado, en el que habrían permanecido cerca de 130 personas privadas de la libertad.
- Secuestro colectivo: Ocho habitantes del ejido El Balcón, municipio de Ajuchitlán del Progreso, fueron privados de la libertad el 24 de septiembre por hombres armados.
- Condiciones del cautiverio: El sobreviviente narró golpes con rifles, simulacros de ejecución y una dieta mínima de tortillas y agua.
- Denuncia pública: El sacerdote José Filiberto Velázquez afirmó que hay más de 100 personas cautivas y que los rehenes eran trasladados para evadir operativos.
“Nos meten los rifles en la boca”: el relato del sobreviviente
El campesino formaba parte de un grupo de ocho habitantes del ejido El Balcón, en el municipio de Ajuchitlán del Progreso, secuestrados el 24 de septiembre por hombres armados que buscaban imponer su control territorial en la Sierra de Guerrero. En entrevista con un periodista de Guerrero, el sobreviviente detalló la violencia física y psicológica que sufrió durante las tres semanas que permaneció en cautiverio.
“Nos dicen que te vamos a matar. Nos golpean con los rifles. Nos incan. Nos apuntan. Nos meten los rifles en la boca, diciendo que pues hasta aquí llegamos”, relató.
La alimentación de los prisioneros era prácticamente nula: su dieta consistía principalmente en tortillas y agua, y algunos rehenes presentaban una delgadez extrema. Las amenazas constantes y las intimidaciones contra sus familiares servían para obligarlos a obedecer, de acuerdo con el testimonio.
Un campamento con alrededor de 130 personas
El sobreviviente aseguró que en el campamento había aproximadamente 130 personas procedentes de distintas regiones de México. Algunas incluso afirmaban venir de California, Estados Unidos. Entre los cautivos había jóvenes que presuntamente eran reclutados a la fuerza para combatir por la organización criminal.
El sacerdote José Filiberto Velázquez, director del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia Minerva Bello, respaldó públicamente las denuncias sobre la magnitud del cautiverio. Durante una entrevista con Azucena Uresti, el religioso sostuvo:
“Hay más de 100 personas en cautiverio”.
Velázquez explicó que los captores trasladaban a las víctimas entre ranchos, parcelas y bodegas de Tierra Caliente, e incluso a sitios del Estado de México, para evadir los operativos de seguridad.
“Básicamente donde había operativos los movían, los movían en camionetas y no estaban en un lugar en específico”, detalló.
La cifra de rehenes procede de testimonios de sobrevivientes y todavía no cuenta con una verificación oficial independiente.
El control territorial y las víctimas aún desaparecidas
De acuerdo con el sacerdote, La Familia Michoacana buscaba establecer una base de operaciones en El Balcón para disputar territorio con organizaciones rivales.
“Querían tener ahí su base en El Balcón para poder operar de una manera más libre contra sus enemigos”, explicó.
La comunidad se distingue por su organización para proteger el bosque y vigilar su territorio sin utilizar armas de fuego. El religioso considera que el secuestro pretendía doblegar esa resistencia o incorporar por la fuerza a algunos habitantes al grupo criminal.
De los ocho campesinos secuestrados el 24 de septiembre, un menor de 12 años fue liberado el 1 de octubre y otros seis recuperaron su libertad el 16 de octubre. El único integrante del grupo que continúa desaparecido es Domingo Atanacio Quirino, quien habría presentado problemas de salud durante el cautiverio y fue separado de sus compañeros. Su familia desconoce si permanece con vida.
El 21 de octubre, el Centro Minerva Bello denunció que los sobrevivientes no habían recibido atención médica y psicológica institucional suficiente después de las agresiones sufridas. También reclamó investigaciones sobre las torturas y medidas de protección para las comunidades amenazadas. El 23 de octubre, seis campesinos regresaron a El Balcón después de rendir declaración ante las autoridades ministeriales.
La liberación de los sobrevivientes permitió conocer la existencia de presuntos campamentos con decenas de rehenes en la Sierra de Guerrero. Mientras las autoridades ministeriales avanzan en las indagatorias, los testimonios recogidos plantean una crisis humanitaria que exige atención médica, justicia y protección para las comunidades asediadas por el crimen organizado.