Emma Coronel y su corona como símbolo cultural

Emma Coronel: la corona que pasó de la feria de Canelas a un símbolo cultural

Resumen: La demanda de Emma Coronel contra Penguin Random House por el uso de su imagen reabrió el debate sobre la corona dorada que lució en 2020, un accesorio que cruza certámenes de belleza, narcocultura y apropiaciones en espacios de la comunidad LGBT+.

Creado: 2026-10-19 por

Emma Coronel volvió al centro de la conversación pública este 19 de octubre de 2026 tras presentar una demanda ante el IMPI contra Penguin Random House. La acción se concentró en el uso que consideró no autorizado de una fotografía suya en la portada de Emma y las otras señoras del narco, de Anabel Hernández, y reabrió la discusión sobre la corona dorada que usó en una sesión de cumpleaños de 2020.

  • Punto clave 1: La demanda se enfocó en el derecho de imagen y no en el contenido del libro ni en las afirmaciones de la autora, según Hugo Torres, abogado de Emma Coronel.
  • Punto clave 2: La fotografía fue publicada por Coronel el 2 de julio de 2020, al cumplir 31 años, con el mensaje “Happy birthday to me”.
  • Punto clave 3: La corona condensa referencias de certámenes de belleza, feminidad buchona, lujo, narcocultura y apropiaciones posteriores en espacios de diversidad sexual.

La imagen de 2020 y la estética buchona

La fotografía mostró a la entonces esposa de Joaquín Guzmán Loera con una chamarra de vinil, cadena dorada gruesa, cabello lacio, labios rojos y una tiara de dimensiones exageradas. La composición se apoyó en tonos oscuros, con Coronel posando con las manos en la cintura y mirando de frente a la cámara. La corona ocupó el centro visual de la imagen y funcionó como una pieza de autoridad, lujo y distinción concebida para redes sociales.

El artículo académico Emma Coronel y la feminidad buchona en redes sociodigitales. Formas de resignificar a la mujer en el narcotráfico, de Ana Sofía Apodaca-Cabrera y Betsabee Fortanell-Trejo para la Universidad Autónoma de Querétaro, describió aquella publicación como la más popular de las que entonces permanecían en el perfil de Instagram de Coronel. El estudio se basó en una observación de Instagram y TikTok realizada entre diciembre de 2022 y abril de 2023.

Las investigadoras señalaron que la fotografía reunió códigos visuales asociados con la feminidad buchona: maquillaje marcado, cuerpo como instrumento de exhibición, accesorios de lujo y una puesta en escena de seguridad. La corona no apareció como objeto aislado, sino vinculada con la cadena, el vinil brillante y el maquillaje rojo. El conjunto remitió a una estética que convirtió el lujo en lenguaje visual.

La académica Lucía Elena Acosta Ugalde, de la FES Acatlán, explicó en su texto Narcoestética: la estética de la acumulación que la narcoestética se apoyó en la acumulación y la ostentación. Los objetos caros funcionaron como una forma de comunicar riqueza, autoridad y poder frente a otros, y podían convertirse en modelos de aspiración para personas ajenas a actividades criminales.

Del certamen de Canelas a la portada del libro

Antes de la sesión de 2020, la corona ya tenía un antecedente en la vida pública de Coronel. En 2007 ganó el certamen de la Feria Regional del Café y la Guayaba en Canelas, Durango, cuando tenía 17 años. Ese reconocimiento la vinculó con una tradición de fiestas regionales en las que la reina representó a la feria, a la comunidad y a una idea de belleza femenina.

También circuló la versión de que Joaquín “El Chapo” Guzmán la conoció en el concurso y habría intervenido para que ganara. Emma Coronel ofreció otra versión en agosto de 2026 durante una transmisión en la plataforma Kick con los creadores Víctor Ordóñez, conocido como “Lonche de Huevito”, y Guillermo Peña, “Willito”. Relató que ya había tenido contacto con Guzmán Loera antes del certamen, en una fiesta en un rancho de la zona, y negó esos rumores. Según su relato, el acercamiento posterior ocurrió durante un baile: ella bailaba con un amigo y Guzmán Loera con otra mujer; el narcotraficante habría interpretado como una sonrisa dirigida a él la risa que compartía con su acompañante y después la invitó a bailar.

En 2021, la sesión de cumpleaños fue retomada para la portada de Emma y las otras señoras del narco, con una versión intervenida de la imagen. La corona dorada quedó como el signo más visible y reforzó una lectura editorial sobre Coronel como figura de poder dentro de la representación pública del narcotráfico. Hernández interpretó la chamarra de vinil, la cadena y la corona como una representación irónica de rasgos asociados con el prototipo masculino del narcotraficante.

El abogado Hugo Torres afirmó que la demanda no cuestionó el contenido del libro ni las afirmaciones de la autora, sino el uso de la imagen en la portada y las modificaciones que recibió. Señaló que la fotografía fue publicada por Coronel en Instagram y después alterada para hacerla más llamativa. Calculó que el libro habría superado las 200,000 copias vendidas, sin presentar una cifra oficial de distribución, y sostuvo que su clienta buscó una reparación económica; el procedimiento ante el IMPI se mantuvo activo sin una resolución pública.

El litigio tuvo un antecedente en el caso de Violeta Vizcarra: el IMPI resolvió el 21 de mayo de 2025 que Penguin Random House utilizó una fotografía suya sin autorización en Las señoras del narco y abrió la posibilidad de una indemnización adicional ligada a las ventas netas de la obra.

La corona en otros circuitos culturales

Después de recuperar su libertad en Estados Unidos en septiembre de 2023, Coronel retomó actividades de modelaje y participación pública. El 22 de septiembre de 2024 desfiló en la Semana de la Moda de Milán para la diseñadora April Black Diamond, con un vestido de novia con pedrería y una corona. Dos meses después fue invitada a la gala de Miss Guatemala USA 2024, realizada en California, donde ocupó un lugar en la mesa de jueces y posó con Rocío Ochoa, ganadora del certamen. A inicios de 2026, también pidió apoyo en redes sociales para Sujeli, una de las competidoras por la corona de la Feria Regional del Café y la Guayaba de Canelas.

Durante la transmisión en Kick de agosto de 2026, Emma Coronel aludió a que las coronas similares a la suya habían sido reutilizadas en espacios de la comunidad LGBT+. La relación entre coronas, reinas y diversidad sexual no nació con la ahora influencer: los símbolos de realeza han formado parte durante décadas de los espectáculos drag, los concursos de belleza queer y organizaciones que usaron títulos como emperatriz, reina o princesa.

El artículo La Casa Real-Imperial de Tijuana: cultura, identidad y activismo gay-travesti en la frontera noroeste de México, publicado por Frontera Norte, documentó cómo una agrupación gay-travesti utilizó desde 1982 la parodia de la realeza para actividades de sociabilidad, solidaridad y apoyo comunitario. La corona no operó ahí como referencia al narcotráfico, sino como herramienta escénica y parodia de las jerarquías sociales. La UNAM también describió el drag como una práctica que utilizó maquillaje, peinados y vestuarios exagerados para expresar género.

En la portada del libro de Hernández, la tiara remitió a la vida de Coronel y al universo del narcotráfico. En un escenario drag o en una marcha del orgullo, pudo leerse como símbolo de teatralidad, feminidad exagerada o autoridad elegida. La misma figura circuló con historias y significados distintos.

El litigio de Coronel mantiene abierto un debate más amplio sobre el control de la imagen pública en una era en la que los símbolos viajan entre el crimen, la moda y la diversidad sexual. Mientras el procedimiento ante el IMPI siga sin resolución, la corona de 2020 continuará operando como un signo disputado: objeto de lujo, insignia de reina regional y pieza reapropiada por comunidades que la cargan de nuevos sentidos.

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