El proyecto del Tren México-Querétaro ha transformado el paisaje ferroviario del centro del país y, al mismo tiempo, ha abierto una ventana al pasado prehispánico. A través de tres laboratorios especializados, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en coordinación con la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, procesan actualmente miles de materiales arqueológicos recuperados a lo largo de los 226.4 kilómetros del trayecto.
- Avance de 60 a 70%: el coordinador del proyecto, Víctor Francisco Heredia Guillén, informó que ya se examinó ese porcentaje del material cerámico, lítico y óseo localizado en unos 140 sitios.
- Más de 11,000 piezas líticas: el Laboratorio de Lítica, instalado en Tula de Allende y dirigido por Cuitláhuac Héctor Jiménez Valerio, ha revisado puntas de proyectil, navajillas, raspadores, cuchillos, buriles y núcleos de sílex, entre otros objetos.
- Restos humanos y ofrendas: el acervo de antropología física reúne restos de 121 individuos localizados en 78 entierros y 12 ofrendas de Ignacio Zaragoza, Tula y Vista Real.
Laboratorio de Lítica: instrumentos de la vida cotidiana y el intercambio
El laboratorio especializado en Tula de Allende, a cargo del arqueólogo Cuitláhuac Héctor Jiménez Valerio, cuenta con ocho arqueólogos que han examinado más de 11,000 piezas. El conjunto incluye puntas de proyectil, navajillas, raspadores, cuchillos, buriles y núcleos de sílex, además de obsidiana negra, verde, dorada y gris procedente de yacimientos como Sierra de las Navajas, en Hidalgo, y Otumba, en el Estado de México.
Los especialistas también recuperaron metates, manos de metate, hachas, pulidores y un alisador de paredes empleado en encalados y enlucidos de edificios, que aún conserva restos de cal. El estudio busca identificar actividades cotidianas, prácticas rituales y funerarias, así como el uso de instrumentos para cortar, desgastar, cazar, alimentarse, moler o preparar comida. La presencia de cuentas y teselas de piedra verde y azul aporta indicios sobre los intercambios de las poblaciones asentadas en la región.
Cerámica: huellas de culturas teotihuacana, tolteca y mexica
El Laboratorio de Cerámica, situado en El Salto, localidad de Melchor Ocampo, municipio de Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo, analiza la procedencia, cronología relativa, contexto y función de los objetos. Catorce arqueólogos integran el equipo bajo la coordinación de Fabiola de la Rosa Lozano, con Gustavo Nieto, Yatzín Montiel, Ana Karen Vázquez y Ana Karen Cabrera al frente de grupos de trabajo.
En total, han clasificado y revisado 3,800 bolsas de tiestos de platos, cajetes, molcajetes, tecomates, ollas, urnas, malacates y figurillas, fechados entre el Preclásico Tardío, de 400 a 100 a.C., y el Posclásico Tardío, de 1200 a 1521 d.C. Las piezas remiten a las culturas teotihuacana, tolteca y mexica, con fuerte presencia en el área, además de tradiciones del occidente, el Bajío, la Costa del Golfo y la Huasteca.
Hasta el momento se han recuperado 308 objetos completos —vasijas, platos, patojos, vasos, jarras y cajetes efigie— de Ignacio Zaragoza, de filiación teotihuacana, y de Tula, vinculados con las culturas tolteca y mexica en su fase tardía. El laboratorio también examinó 459 figurillas, entre las que predominan las de tipo Mazapa, fechadas entre 700 y 950 d.C.
El coordinador del proyecto, Víctor Francisco Heredia Guillén, detalló que los materiales revisados provienen de sitios como El Venado, Ignacio Zaragoza y Tula, en Hidalgo, y Vista Real, en San Juan del Río, Querétaro. Entre ellos figuran El Venado (77), Ignacio Zaragoza (30), Tula (17) y Vista Real (28).
Antropología física: huellas de vida y modificaciones culturales
El Laboratorio de Antropología Física, ubicado en el ejido de Ignacio Zaragoza, en Tula de Allende, resguarda los restos humanos hallados durante los trabajos de campo. Sus cuatro especialistas determinan edad, sexo, patologías y marcas asociadas con actividades realizadas en vida. El antropólogo físico José Manuel Cervantes Pérez, responsable del equipo, informó que el acervo reúne restos de 121 individuos localizados en 78 entierros y 12 ofrendas de Ignacio Zaragoza, Tula y Vista Real.
De ese total, se analizaron 48: 39 adultos y nueve subadultos, categoría que comprende a personas menores de 21 años. Luego de limpiar los huesos, el personal restaura aquellos que pueden aportar información bioantropológica. El procedimiento permitió detectar fracturas y marcas de inserción muscular que ayudan a establecer posibles labores de los individuos, además de modificaciones culturales como modelados craneales y limado de dientes superiores en algunos casos.
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, subrayó la necesidad de dar continuidad a esta investigación:
«Los materiales recuperados durante la construcción del Tren México-Querétaro están siendo estudiados por especialistas del INAH, para conocer cómo vivían, se relacionaban y se desplazaban las sociedades que habitaron esa región. Dar continuidad a esta investigación es una responsabilidad pública con nuestro patrimonio y con el conocimiento que podemos generar a partir de él.»
El salvamento arqueológico asociado al tren se consolida así como uno de los frentes de investigación más amplios en la región central del país. La combinación de material lítico, cerámico y óseo permitirá reconstruir no solo actividades cotidianas y rituales, sino también las redes de intercambio y movilidad que conectaron a los pueblos prehispánicos asentados entre Hidalgo y Querétaro.