La trayectoria de Arturo Durazo Moreno, apodado “El Negro” Durazo, vuelve a cobrar notoriedad a raíz del nuevo uso que se dará a uno de sus inmuebles más conocidos: la Casa Tlalpan. La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el predio se convertirá en espacios educativos, lo que abre una nueva etapa para una propiedad ligada a una de las gestiones más cuestionadas de la policía capitalina.
- Mando policial entre 1976 y 1982: Durazo dirigió la Dirección General de Policía y Tránsito del entonces Distrito Federal durante el gobierno de José López Portillo.
- Señalamientos de corrupción y abuso: su administración fue señalada por enriquecimiento ilícito, extorsiones, detenciones fabricadas y presuntos actos de tortura.
- Inmueble con nuevo destino: Casa Tlalpan albergará una sede de la Universidad Nacional Rosario Castellanos y un plantel del Bachillerato Nacional Margarita Maza.
Ascenso y poder dentro de la policía capitalina
Nacido el 19 de octubre de 1918 en Cumpas, Durazo comenzó su carrera en labores de tránsito. Hacia finales de 1948 trabajó como inspector de Tránsito en la actual CDMX y con el tiempo se convirtió en agente y comandante de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Su cercanía con Manuel Rodríguez, empresario zacatecano y amigo de José López Portillo, habría contribuido a que llegara a la jefatura de la Dirección General de Policía y Tránsito, corporación que hoy corresponde a la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX.
Durante su gestión creó en 1976 la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD). De acuerdo con los señalamientos de la época, elementos de esa división protegían a delincuentes para liberarlos tras su captura, mientras que otros ciudadanos habrían sido detenidos bajo acusaciones fabricadas; también se describieron presuntos actos de tortura contra personas remitidas a la corporación.
La administración de Durazo Moreno también acumuló acusaciones por descuentos salariales y retenciones destinadas a fondos de pensión, así como compras de equipo que presuntamente favorecían a una red de prestanombres. Los elementos debían entregar una cuota quincenal y, para obtenerla, algunos habrían recurrido a extorsiones contra la ciudadanía. Los policías con vehículo asignado recibían 20 litros diarios de gasolina; el resto del combustible y las reparaciones debían financiarse con recursos provenientes de extorsiones. Además, la brigada de grúas tenía la instrucción de trasladar 1 mil 200 vehículos diarios a los siete depósitos de tránsito, que debían mantenerse llenos.
López Portillo también lo nombró General de División por decreto presidencial, pese a que no había cursado una carrera militar. El nombramiento generó rechazo en integrantes del Ejército, entre ellos el entonces secretario de la Defensa Nacional, Félix Galván López.
El patrimonio del mando y las investigaciones en su contra
La fortuna de Durazo le permitió adquirir el Partenón, una finca de estilo griego en Zihuatanejo, Guerrero, y construir una mansión en la Ciudad de México con hipódromo, discoteca, helipuerto y casino, ubicada en el kilómetro 26 de la carretera libre a Cuernavaca. Ese inmueble es la conocida Casa Tlalpan. En las faldas del Ajusco, al sur de la capital, levantó además un chalet suizo al que solo se podía llegar en helicóptero; su construcción quedó a cargo de policías capitalinos.
Con el inicio del gobierno de Miguel de la Madrid comenzaron investigaciones contra funcionarios de la administración anterior, bajo la política de Renovación Moral. Durazo fue incluido en averiguaciones por corrupción policial y se giró una orden de aprehensión. Las autoridades le atribuyeron la obtención ilegal de cerca de 60 millones de pesos, además de acusaciones por contrabando, acopio de armas y abuso de autoridad.
Durazo huyó de México antes de ser detenido en Puerto Rico en 1984. Tras su captura fue extraditado y permaneció preso durante ocho años. Recuperó la libertad en 1992 por su estado de salud y buena conducta. Vivió sus últimos años en Acapulco, donde murió el 5 de agosto del 2000 a causa de un paro cardiaco asociado con cáncer de colon terminal. Años después, la Secretaría de la Defensa Nacional lo desconoció como General de División. José González González, exjefe de escoltas de Durazo, publicó el libro Lo negro del “Negro” Durazo, donde relató presuntas irregularidades durante su cercanía con el exjefe policial. Durazo demandó a su exescolta por difamación desde prisión, ganó el juicio y más tarde se realizó un documental sobre esos hechos.
Casa Tlalpan, rumbo a la educación pública
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que Casa Tlalpan, construida en la década de 1970 por Arturo “El Negro” Durazo, albergará una sede de la Universidad Nacional Rosario Castellanos y un plantel del Bachillerato Nacional Margarita Maza. El proyecto busca convertir un inmueble asociado con corrupción, privilegios y excesos de poder en una opción de educación pública para las juventudes de Tlalpan.
La adecuación del conjunto requiere una inversión estimada de 150 millones de pesos. La meta es que ambos espacios comiencen operaciones en 2027, una vez que se resuelva la situación jurídica pendiente. En un video, Sheinbaum explicó que el nuevo destino del predio contrasta con la función que tuvo durante el periodo en que Durazo encabezó la policía del entonces Distrito Federal, en el gobierno del expresidente José López Portillo.
La transformación de Casa Tlalpan tiene un valor simbólico: un inmueble que durante décadas estuvo ligado a los excesos del poder policial podría convertirse en un punto de acceso a la educación pública en el sur de la Ciudad de México. El proyecto aún depende de la resolución legal del predio y de una inversión millonaria, pero su puesta en marcha prevista para 2027 daría a Tlalpan dos nuevas opciones formativas y un cambio de lectura sobre uno de los patrimonios más polémicos del sexenio de López Portillo.