México vive una recomposición de su pirámide de edades que, en las próximas décadas, modificará el consumo, la exigencia de servicios públicos y los negocios viables. El bloque de 50 años y más hará crecer la necesidad de servicios sanitarios, asistencia especializada, hogares acondicionados y dispositivos tecnológicos para el día a día. La Encuesta Intercensal 2025 contabiliza 34.2 millones de mexicanos en ese rango, 26.3% de los residentes. El Consejo Nacional de Población (Conapo) prevé que en 2050 ese grupo llegue a 37.5% del total.
- Peso demográfico: el Conapo calcula que para 2050 la proporción de personas de 50 años o más alcanzará 37.5%.
- Nichos posibles: salud, cuidados, tecnología accesible, viajes, formación, cultura, pólizas médicas y vivienda adaptada.
- Empleo vulnerable: 74.4% de los mexicanos de 65 años o más que siguen activos laboralmente trabajan en la informalidad.
- Retiro desigual: 44.4% de los hombres recibe pensión contributiva, mientras que entre las mujeres la proporción es 27.6%.
Una definición con obstáculos
Isalia Nava Bolaños, del Instituto de Investigaciones Económicas, en la UNAM, explica que la economía plateada reúne actividades productivas destinadas a cubrir necesidades de las personas mayores. Su expansión, señala, choca con desigualdad económica, pensiones y dificultades para acceder a la seguridad social.
El envejecimiento de la población amplía el espacio de los servicios médicos, sobre todo los relacionados con enfermedades crónico-degenerativas y discapacidades. La prevención también cobra importancia: alimentación equilibrada y actividad física contribuyen a una mejor calidad de vida.
Salud, cuidado y tecnología
La economía del cuidado aparece como uno de los campos con mayor crecimiento. Incluye residencias geriátricas y centros de día, además de atención en el domicilio y cuidadores profesionales; esos servicios resultan clave para quienes necesitan asistencia permanente o apoyo en actividades cotidianas.
La tecnología ofrece otro frente: aplicaciones fáciles de usar, banca digital simple, equipos médicos y robots que prestan asistencia pueden ayudar a que las personas mayores conserven autonomía. Turismo, educación, actividades culturales, seguros de salud y viviendas adaptadas también tienen margen para extender sus servicios hacia ese público.
Nava Bolaños advierte que deben evitarse los estereotipos. Las necesidades y los hábitos de consumo de la tercera edad varían según su nivel de ingreso, estudios, estado de salud y zona donde vive.
Informalidad, pensiones y brechas
Llegar a los bienes y servicios que ofrece la economía plateada está condicionado por la situación económica individual. El empleo sin protección social y las jubilaciones escasas limitan el dinero disponible para viajar, comprar tecnología, disfrutar del ocio o pagar cuidados especializados.
La académica cita que, entre quienes tienen 65 años o más y siguen en la actividad económica, 74.4% labora en la informalidad. Además, 44.4% de los hombres tiene una pensión contributiva, frente a 27.6% de las mujeres. Una infografía incluida en el material resume ese potencial y la restricción que representa la informalidad.
Por eso, un segmento de los mayores debe cubrir primero necesidades básicas —comida, salud y asistencia— y dejar en segundo plano otros productos. Nava Bolaños propone que hogares, compañías y gobierno actúen de forma conjunta. El objetivo sería robustecer la sanidad pública, la asistencia y las redes de protección social, sobre todo porque muchas personas mayores dependen de las empresas.
Asimismo, llama a frenar el rechazo laboral por edad, fomentar la formación de habilidades y rediseñar casas y entornos urbanos para que el desplazamiento sea más sencillo.
Para capitalizar ese mercado hay que llegar a la madurez con empleos de calidad, estudios y una base económica más firme. Con esas condiciones, el país podría adaptarse al nuevo perfil poblacional sin agrandar las brechas que ya golpean a los mayores. Si esas bases no se construyen, el nuevo mercado podría atender únicamente a quienes tienen capacidad de pago y dejar fuera a una parte considerable de los adultos mayores.